sábado, 17 de julio de 2010

Una vez leí que uno nunca se baña dos veces en el mismo río. Que todo está en continuo devenir y que un día esto es “así” y otro día es “asá”. Pero jamás pensé en esta filosofía aplicada a las relaciones, me arriesgué y jugué, como si de la ruleta rusa se tratase, creyéndome ganadora siempre.
Con los castigados cara a la pared, perdí. Pero esa parte de la historia me la salto y digo que no existe.
Ahora pienso en Heráclito siempre, y por tanto, creo en el cambio y opto por lo de que los contadores de cuentos nos engañaron desde pequeños.

Que yo quiero una película hablada en blanco y negro. Que yo no voy a escribir para tocarte, que no hace falta que diga el típico tópico tríptico de “estoy aquí”. Que por más que haya querido tirar la toalla contigo no he podido, y no entender por qué nuestra amistad es importante no me quita el sueño. Que yo antes jugaba con tus cartas, perdía, y ahora digo que no pierdo. Que da igual si me advirtieron, no voy a pensar en lo que no viene a cuento.
Y si luego quedo de tonta...pues no pasa nada, y quedo.
Sugestión hipnótica.
Una paradoja mental en un cerebro escindido entre la fantasía y la realidad, lúcida visión desde el otro lado del espejo. Metáfora, sexo y pragmatismo.

Aleatoriedad sincronizada paralela. A cada incorrección, una corrección y, picados y contrapicados; Al fin se conocen. Nubes de algodón y un acorde preciso. Sueño, ensueño, creatividad. Aguas de celofán. ÉL vuela y pasa a la ventana de las maravillas poniendo en duda la existencia cotidiana. Dormir, soñar…

Sueños intensos. Un mundo de colores e imaginación. Ella quiere verle a Él. Suenan canciones, la banda sonora de su vida. Una casa. Todo le recuerda a una película. Ahogo del mundo real o quizá del virtual. Se reafirma la dependencia de los unos con los otros.
Ella no puede dormir,
hasta que le coge de la mano